Puede verse como drástico, tirado de los cabellos, e incluso como un retroceso en la vida de una mujer profesional que hoy, en pleno siglo XXI, sigue batallando por establecerse con igualdad salarial y de oportunidades en el mundo laboral (Ver más sobre brechas salariales y laborales). Sin embargo, dejar el empleo formal y volver a casa para dedicarse al cuidado de los hijos es una tendencia que cada vez toma más fuerza entre las madres.

Acompañar el desarrollo de los hijos en la etapa más temprana y clave de la vida, no perderse su crecimiento y la confianza de que están en las mejores manos y no a cargo de una persona desconocida, son algunas de las razones que madres consultadas para este artículo y otras que escriben en blogs argumentan sobre su decisión.

Volver a ese modelo familiar de antaño (madres en casa y padres a trabajar fuera) toma fuerza en Estados Unidos, América Latina y Europa.

Si bien la Organización Internacional del Trabajo no tiene una cifra al respecto, algunas ONG o fundaciones privadas aportan estadísticas que lo evidencian. En Argentina, por ejemplo, el Observatorio de la Maternidad, un centro de estudios que busca promover el valor social de la maternidad, reveló en 2011 que hasta un 43% de mujeres dejaba de trabajar para dedicarse al cuidado de sus hijos y que la mayoría se decidía a hacerlo después del segundo hijo.

En España, de acuerdo con datos del Instituto de la Mujer, solo en Madrid cada año casi 18.000 mujeres renuncia al trabajo para criar a sus hijos. La cifra es de 2008 pero se mantiene estable cada año, según la misma entidad. En ese país, en febrero pasado el conocido blog El Club de las Malas Madres reveló en un estudio sociológico, elaborado a partir de 24.000 encuestas online, que el 58% de las mujeres profesionales renuncian a su carrera cuando son madres, es decir 6 de cada diez,  frente a un 6% de los hombres.

En EE.UU. las cifras también vienen en crecimiento. Casi una de cada tres madres decidió quedarse en casa con sus hijos, reveló un estudio de 2012 del centro de investigaciones Pew Research Center, que compara los últimos datos que brinda la Oficina de Censo de Estados Unidos. Fue el mayor aumento en 13 años, cuando lo hacía apenas un 23%.

Y si hay algo que da certeza a esas estadísticas y las hace palpables es que en tu entorno más de una amiga se haya sumado a esa decisión y haya otras que quieran hacerlo pero no se deciden por un asunto económico.

De hecho, esa es siempre una de las razones de peso al interior de la familia, pero no la única para decidirse.

Tengo una amiga de la infancia, profesional, que vive hace dos décadas en Estados Unidos y venía teniendo un ascenso importante en su carrera. Cuando conoció al que hoy es su marido y decidieron tener hijos, resolvieron que serían ellos lo que se encarguen directamente de criarlos. Ella renunció a su trabajo y compraron una casa más cerca del empleo de él para ganar tiempo con la familia. Cuenta que lo pensó mucho porque estaba acostumbrada a su independencia y le había costado dos años y medio, entre pruebas y procesos de admisión, conseguir el trabajo para el estado norteamericano en el que se desempeñaba.

Pero, por otro lado, pesada más la desconfianza de dejar a sus hijos con un desconocido (más en un país donde a diario hay noticias sobre maltratos o robos de bebés), lo costoso que es tener a una niñera o una persona de limpieza, que ambos son extranjeros allá y que no cuentan con ayuda de la familia y que querían que sus hijos crecieran con las costumbres y el idioma propios de sus lugares.

Hoy ella cuida de su hija, de 3 años y medio, y de su hijo, de año y medio, de sus dos perros y del orden de toda la casa. Aunque comparte tareas con su esposo cuando llega, al final la mayor parte del día es ella la que está al frente de todo.

“Es agotador, yo trabajo desde los 15 años y nunca tuve un empleo tan cansado y difícil”, reconoce. Al principio sentía que no llegaba entre lavar, cocinar, limpiar, más su hija que, dice, no paraba nunca. Con la llegada del segundo, la situación se niveló, ella cuida a dos y llega con todo igual. Incluso hace tiempo para hablar al celular sobre la maternidad y confiesa que quedarse en casa fue la mejor decisión que tomó: el tiempo se ha ido volando y ha estado en cada momento especial de sus hijos, pero sobre todo duerme tranquila porque sabe que están bajo su cuidado.

Lo mismo le pasa a una excompañera de trabajo, periodista como yo, que dejó el trabajo y el país para formar familia con un extranjero y reside ahora en Perú. “No tengo familia acá y todavía no confío en alguien 100% para dejar al cuidado de mis hijos. He decidido por su bienestar estar cerca de ellos lo más que pueda, he querido darles mucha seguridad en estos años, sus primeros años de vida. Creo que la infancia de los niños es una sola vez y dura muy poco; creo también que siempre tendré la oportunidad de conseguir un empleo”, dice.

Tiene un hijo de cuatro años y una hija de dos. Y aunque extrañe estar en acción como periodista y haya días que se sienta abrumada por la responsabilidad de tener dos pequeños a cargo, cree que ha valido realmente la pena porque no se ha perdido nada de ninguno de los dos.

“Admiro a las madres que trabajan y crían a la vez a sus hijos. Durante estos años me he involucrado en proyectos como venta de dulces (cupcakes, galletas y cakepops) para fechas especiales como Navidad; he tomado clases de cocina; clases de inglés. Me he dedicado a leer, a estar incluso más enterada de las noticias. Actualmente, busco empleo de medio tiempo o de cómo freelance; y continuar cerca de mis niños”. Es su prioridad y creo que tenerla clara es lo que nos mueve con mayor facilidad en esa faceta.

Me pasa a mí. Cuando uno decide estar en casa (después de 16 años de trabajo) transita los primeros meses entre la felicidad inicial de ser testigo de cada paso de tu hijo, y un shock de desesperación por miedo al encierro o a la intrascendencia. Uno está convencido de que crecer es estar en una oficina produciendo y ganando dinero para darle todo a los hijos y cuando te vas descubres que la ganancia real para ellos es tenerte a ti, dándole y dándote seguridad.

Entenderlo toma su tiempo y muchas angustias. Uno se pregunta si habrá tomado la decisión correcta cuando la paciencia se agota o no llegaste a tiempo con la comida y quieres salir a hacer otras cosas pero tienes a tu hijo a tiempo completo. Creo que hacer rutinas es saludable, salir a tomar un café (a un sitio con juegos para chicos, obvio), ir al parque, subirte a una resbaladera, disfrutar con asombro del sol, del vuelo de un pájaro o de la lluvia hace volver la mirada a lo real de la vida y es maravilloso cuando lo haces de la mano de tu hijo.

En mi caso, decidí quedarme en casa cansada de la distancia que tenía que recorrer de mi casa al trabajo (una hora de ida y otra de vuelta) y de llegar a seguir con tareas en casa, de tener que estar más presente cuando por su trabajo mi marido se ausenta dos meses y de no encontrar alguien de confianza para mi hijo (un día lo encontré con el ojo morado y la niñera no me llamó). No quería repetir esa escena en otro país, cuando me mudé a fin de año, y hoy estoy más tranquila, con trabajos de medio tiempo o freelance, viendo crecer a mi hijo y sin los habituales ‘corre corre’.

A veces, como reconocen también mis amigas, uno se siente saturada y es necesario un break (un café a solas cuando tu hijo hace la siesta o chatearte con tus amigas, renueva las energías), o simplemente siente que no es para estar en casa. Por eso, más allá de las necesidades de la familia, creo que es una decisión muy personal de la mujer porque sí, sobre nosotros recae el mayor peso, aunque tengamos un marido que comparta las tareas.

La escritora Liz Lewis escribió en su blog del periódico online The Huffington Post una columna que identifica a otro segmento de madres: “Dejé mi trabajo para cuidar de mi hijo y fue una experiencia horrible”, se titula y cuenta que quedarse en casa le resultaba más estresante que trabajar, que se impuso presiones adicionales por mantener el orden o sentía culpa si gastaba en la peluquería o en la manicura el dinero que ganaba su marido.

Mi cuñada dice siempre que estaría más cansada si se quedara en casa y otra amiga cree que de estarlo ya le hubieran puesto camisa de fuerza.

Lewis dice que le resultaba chocante ver que su marido se alistaba para ir a trabajar “porque tenía la oportunidad de escapar, de interactuar con otros adultos” y ella no.

Creo que esa sensación nos pasa a más de una y es normal, pero cuando analizas la situación desde la otra vereda ellos también se pierden momentos únicos que verán solo por fotos.

El tema pasa, sin duda, por una elección. Y como digo siempre la elección que nos haga feliz como madres es la que hará feliz a nuestros hijos.

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