Foto del altar del holocausto

Foto del altar del holocausto

   Borobudur es una de las más grandes creaciones arquitectónicas realizadas por la mano del hombre. Es al mismo tiempo un templo y la exposición completa de una doctrina, una especie de biblia en piedra del budismo, proyectado el conjunto con unidad de concepto y variedad en los detalles. Pudo haber servido de modelo para los templos-montaña hinduistas de Camboya (ver en fotoAleph exposición 'Angkor'), y en su día tuvo que ser una de las maravillas de Asia. 
   Su apariencia actual, tras la reconstrucción, es la de una masiva estructura de piedras sillares con forma de montículo de 35 m de alto, más pendiente en su perímetro exterior que en la cima (foto02). Los sillares, extraídos de rocas de lava solidificada, de forma cúbica y reducidas dimensiones, están unidos entre sí sin ningún tipo de mortero o cemento, siguiendo la técnica de los constructores de la India. 
   El monumento recubre una pequeña colina natural de perfil achatado y consiste en un amplio y elevado plinto de 123 m de lado sobre el que se superponen cinco terrazas cuadradas escalonadas, que disminuyen gradualmente de tamaño según ascienden, coronado el conjunto por tres terrazas circulares escalonadas y concéntricas, en el eje de las cuales se eleva el gran stupa central que remata el monte (foto04). Cuatro escaleras, cada una de las cuales se abre en el centro de las cuatro fachadas de la estructura de base piramidal, conducen directamente a la cima (foto24), atravesando las terrazas bajo varios falsos arcos suntuosamente decorados al estilo indonesio con el recurrente motivo del 'kala-makara': la máscara del monstruo Kala rematando la clave, y los 'makara' o monstruos acuáticos a ambos lados de la abertura, combinación que aparece en todo Java y que simboliza las dualidades fundamentales del cosmos: la luz y la oscuridad, o el espíritu y la materia. La del Este es la escalera principal de entrada, a juzgar por el orden que sigue el programa iconográfico de los relieves murales. 
   No hay cámaras interiores: el santuario entero da al aire libre y su visita se realiza bajo la intemperie. Las terrazas descansan sobre plataformas macizas, y el conjunto se convierte así en un stupa budista en el sentido que se le daba en la India (Bharut, Sanchi, Amaravati, Sarnath...). 
Borobudur   Se dice que Buda bosquejó el esquema de un stupa así: hizo unos pliegues en su túnica de pordiosero, situó su cuenco de mendigar boca abajo sobre la tela y completó el conjunto con un palo vertical. Buda sugirió con esto la representación plástica de las tres partes principales de un stupa, a saber: una base cuadrada, una semiesfera y un pináculo. Ése es el perfil básico de Borobudur. La elección de su emplazamiento y la forma del edificio están premeditadas para aludir al monte Meru, montaña situada en el centro del universo y meta de peregrinación para budistas e hindúes. El simbolismo de un stupa es polivalente: centro mágico, eje del mundo, representación del universo visto desde el exterior, tumba, cenotafio, relicario, monumento conmemorativo, recordatorio de hechos milagrosos o edificantes... Puede ser también levantado como exvoto o como afirmación de fe. Sustituye al concepto de altar y puede considerarse como imagen arquitectónica de Buda, cuya esencia penetra en todo el universo. Los stupas que se conservan en el mundo son de formas y dimensiones extremadamente variadas, y pueden ir desde las réplicas en miniatura al stupa-montaña, cuyo más espectacular ejemplo es Borobudur. 
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   Cada una de las sucesivas terrazas cuadrangulares de Borobudur está cercada por un alto muro a modo de balaustrada (foto10), totalmente cubierto con paneles decorados con bajorrelieves escultóricos que describen episodios de distintos libros sagrados budistas, entre los que se intercalan pabellones y nichos a intervalos regulares que albergan estatuas de los cinco budas celestes (foto03 y 08). Este grupo de cinco budas es una representación icónica frecuente en el arte tibetano, japonés y de la India nororiental, y compone lo que se llama el 'vajra-dhatu', que podría traducirse como 'la esfera de la realidad total'. 
   A medida que el visitante asciende por el monumento, va contemplando una tras otra, como en una inmensa pinacoteca de dos kilómetros y medio de galerías, las escenas de los paneles con bajorrelieves figurativos, que ilustran textos clásicos de la literatura búdica (foto11). Los innumerables relieves de divinidades, mujeres, hombres y bestias, sobre fondos idílicos de bosques, templos o palacios, alcanzan una insuperable calidad artística. Constituyen auténticos alardes de destreza en el modelado anatómico de cuerpos, en la delicadeza de estilo, en la elegancia de las composiciones, así como en el sentido de la proporción para saber integrar los infinitos detalles en la unidad de cada conjunto (foto12, 13, 14, y 15). Borobudur
   El origen remoto del refinado estilo artístico desplegado en la arquitectura y escultura de Borobudur hay que buscarlo más allá de los mares, en el arte brahmánico que se cultivó bajo los Palas en Bengala, pero sobre todo en la costa de Coromandel, al sur de la India (actual Tamil Nadu), durante los siglos VII y VIII, bajo la dinastía de los Pallavas. Se sabe que de los puertos costeros de este reino (Mahabalipuram, Pumpoohar) zarparon a mediados del primer milenio barcos que navegaron a otras tierras más al Este, portando al principio mercancías y más tarde emigrantes, y propagando la cultura india por todo el océano Índico a países de Extremo Oriente culturalmente menos avanzados. En la volcánica Java central y en las lujuriantes llanuras de Camboya, fueron creciendo con el paso del tiempo escuelas de arte y arquitectura heredadas de las fuentes indias, más en concreto de la arquitectura 'pallava' dravidiana, de la 'pala' bengalí, e incluso –más atrás en el tiempo– de los stupas y monasterios construidos por los budistas bajo el régimen de los Andhras. Es posible identificar en las esculturas 'jemer' de Angkor y en los innumerables bajorrelieves de Borobudur la influencia de los paneles de mármol tallado de Amaravati, mientras que la arquitectura es reminiscente de los templos hindúes de estilo 'pallava' de Kanchipuram y Mahabalipuram. 
   El Dr. A. J. Bernet Kempers ha llamado la atención sobre la importancia histórico-cultural de Borobudur y ha calificado las mil trescientas escenas inmortalizadas en sus paredes como 'una historia pictórica de la vida, cultura y costumbres de la antigua civilización javanesa'. Y realmente la estatuaria del stupa compone una auténtica enciclopedia de la vida cotidiana de la Java antigua en su entorno natural: podemos admirar las vestimentas con que se ataviaban sus gentes, las joyas, los peinados y tocados (foto18); podemos ver una multitud de personajes de todas las condiciones, apiñados en nutridos grupos, distinguiéndose entre ellos músicos, danzarinas, masajistas, ninfas, ayas cuidando de niños, soldados, porteadores, monjes, maestros, ascetas (foto16); podemos contemplar escenas de caza, de navegación con barcos de vela (foto15), de ceremonias rituales y sociales (como el intercambio de retratos entre novios como petición de boda), de cultos templarios. Seres divinos, seres humanos, semihumanos y animales (caballos, leones, elefantes, monstruos... foto21) componen entre todos un auténtico e inagotable microcosmo, pleno de significados evidentes y también ocultos. 
Borobudur   Indice de textos
   Intercalados entre los relieves hay pilastras y recuadros decorados con volutas y motivos vegetales varios, y un centenar de canalones con cabezas de monstruo, a modo de gárgolas que canalizan y drenan el agua de las lluvias tropicales. 
   La superficie rugosa de las piedras volcánicas empleadas en el monumento estaría suavizada por la aplicación de una capa de lechada de cal o de una especie de yeso, para dotarlas de una apariencia pulimentada, restos de cuyo tratamiento se pueden todavía discernir sobre las esculturas. Se supone también que todos los relieves y figuras estaban pintados de colores, lo que daría a Borobudur un aspecto muy diferente del que presenta hoy. 
   Las terrazas circulares de la superestructura de Borobudur son abiertas, y en ellas se elevan setenta y dos stupas campaniformes con una labor de celosía que perfora la superficie de piedra y permite entrever su interior, donde se esconden otras tantas estatuas de Buda en posturas de meditación (foto30). Estos iconos simbolizan estadios quasi-completos de iluminación, en las fronteras de su manifestación final. Los stupas están dispuestos en círculos concéntricos en torno al stupa central, de mucho mayor tamaño que los anteriores, que corona el edificio (foto29). Este gran stupa escondía en su interior una hermosa estatua inacabada de Buda, oculta a todos los ojos, y que hoy está reinstalada fuera del monumento, al norte. Se discute su significado: tal vez simbolice lo inefable del estado último de budeidad. 
   La larguísima sucesión de relieves de los muros del monumento reproducen las etapas ascendentes en el camino hacia el nirvana (liberación espiritual). Las esculturas escondidas del nivel bajo se centran en los efectos de las buenas y malas acciones en esta vida; se dan aquí las más bajas manifestaciones de la realidad. Las esculturas de los pisos siguientes entran ya en el mundo de las formas, y los relieves describen los acontecimientos principales de la vida del Buda histórico, ilustran escenas edificantes de los Jatakas y otros textos, y glosan en piedra temas filosóficos, tomados de las escrituras budistas de la doctrina Mahayana o del Gran Vehículo. En el nivel final y más alto se entra en ámbito de lo inmanifestado, donde se transciende la realidad material y se supera la ilusión de los sentidos, paso previo a la liberación definitiva, la ruptura del ciclo de encarnaciones y la disolución en la nada. 
Borobudur. Planta 
   Así, el stupa de Borobudur está globalmente estructurado en tres niveles superpuestos correspondientes a los tres mundos (infierno, naturaleza y cielo), pero también a las tres fases de la epifanía (manifestación) por la que lo ignoto se revela poco a poco en imágenes comprensibles para nuestro cerebro. Estos tres ámbitos de conocimiento en el camino a la liberación -correlativos con los tres niveles del stupa- reciben en sánscrito los nombres de Kamadhatu, Rupadhatu y Arupadhatu, que podrían traducirse como Esfera del Deseo, Esfera de la Forma y Esfera de la No-Forma (o de lo Sin-Forma). 
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Kamadhatu o Esfera del Deseo
  
   Algunas teorías sostienen que el enorme plinto cuadrangular que constituye el basamento de Borobudur fue una realización posterior añadida al diseño primitivo. Consiste en una masiva plataforma de piedra adosada contra el muro de base del edificio, rematada por una amplia terraza de circunvalación, que sería el primer escalón en el ascenso al monumento. Habría sido construida con el fin de consolidar el basamento y detener el empuje del peso descomunal de la masa de tierra y piedras que compone el núcleo del montículo. Este plataforma adosada cubre y esconde una serie entera de 160 paneles de relieves que decoran a modo de ortostatos los muros de la base en todo su perímetro. Una pequeña parte del plinto ha sido desmantelada en tiempos recientes para dejar al descubierto algunos pocos ejemplos de estos relieves que, gracias a haber permanecido tapados durante siglos, se hallan en un sorprendente estado de conservación. 
   Los relieves escultóricos de este subnivel escondido pintan, para no ser vistas, escenas mundanas acerca de los efectos causales de las buenas y malas acciones en las sucesivas vidas del hombre (doctrina del karma). Por ejemplo, los que matan y guisan seres vivos, como peces o tortugas, serán ellos mismos asados en los infiernos o morirán jóvenes en su próxima vida. O cómo la gente frívola malgasta su vida en entretenimientos vacíos. Escenas de la vida cotidiana, músicos, danzas, banquetes y todas las manifestaciones de los placeres de la vida. Doncellas, con los senos desnudos, en sensuales posturas (foto05 y 06). 
   Otra hipótesis apunta a que este descomunal plinto de piedra se habría incorporado a la base para proteger los relieves y evitar su saqueo. Es más plausible la teoría de que el soterramiento de los frisos respondía a un proyecto original deliberado dentro del plan integral de Borobudur, donde la oculta Esfera del Deseo tendría un significado simbólico más profundo y debería ponerse fuera del alcance de las miradas humanas. 
   La parte alta de la Esfera del Deseo es la base de la Esfera de la Forma, y la transición de una a otra se produce de modo suave y gradual, sin solución de continuidad. 
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Rupadhatu o Esfera de la Forma
  
   Desde las escenas de la vida mundana del nivel inferior, se sube a las terrazas intermedias, en la Esfera de la Forma. Los motivos de los paneles se hacen más filosóficos y profundos. En las terrazas superiores exhiben escenas con mensajes que sólo los iniciados pueden comprender. Describen textos de la doctrina Mahayana relacionados con el autoconocimiento y la educación del bodhisattva o aspirante a buda, concebido como un ser lleno de compasión y dedicado por completo a la salvación de todas las criaturas. Poco a poco, y según se asciende por las terrazas, las figuras se van haciendo más y más estáticas, aunque mantienen toda la sensualidad de sus suaves curvas y el refinamiento de atuendos y tocados. 
   A intervalos regulares entre los muros de la balaustrada se abren nichos abovedados que custodian sendas estatuas sedentes del Buda, orientadas hacia los cuatro vientos del Cielo. Todas muestran al Iluminado con las piernas cruzadas en postura de loto, pero las manos muestran en cada una diferentes posiciones que transmiten significados específicos. Estas posturas de las manos se denominan 'mudras'. Podemos distinguir en Borobudur hasta seis mudras diferentes, que siguen una secuencia armónica: 
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Mudras. El lenguaje de las manos de Buda

   
   - Bhumisparça-mudra. Es la postura de manos de los budas de la cara Este de Borobudur. La izquierda yace sobre el regazo con la palma hacia arriba y la derecha se apoya sobre la pierna derecha con la palma hacia abajo. Simboliza que Buda convoca a la Tierra como testigo de su Iluminación. 
   - Wara-mudra. La postura de los budas de la cara sur del santuario. Es idéntica a la anterior, pero con la mano derecha mostrando su palma hacia arriba. Significa la Caridad. 
   - Dhyana-mudra. La postura de las estatuas búdicas de la cara oeste del santuario. Las dos manos se juntan en el regazo con las palmas hacia arriba, el dorso de la derecha sobre la palma de la izquierda. Es el gesto de Meditación. 
   - Abhaya-mudra. La postura de manos de los budas de la cara norte de Borobudur. La mano derecha se alza y muestra su palma al espectador, en gesto de protección. Significa la Ausencia de Miedo. 
   - Witarka-mudra. Postura de manos de los budas de la quinta balaustrada del santuario, orientados a los cuatro vientos del cielo, que simboliza el cénit. Semejante a la anterior, sólo que la mano derecha junta los dedos índice y pulgar formando un anillo. Significa el Razonamiento. 
   - Dharmachakra-mudra. Este sexto mudra corresponde a los budas ocultos en los stupas campaniformes de la superestructura. Los dedos de la mano izquierda forman un círculo, mientras el dedo anular de la mano derecha toca el de la izquierda. Buda adoptaría esta postura en su primer sermón en Benarés y significaría la puesta en funcionamiento de la Rueda de la Ley (dharmachakra), que implica el aprendizaje de 'las cuatro nobles verdades' del budismo: 
   1. La verdad de que existe el sufrimiento. 
   2. La verdad de que ese sufrimiento tiene una causa. 
   3. La verdad de que el sufrimiento puede cesar. 
   4. La verdad del camino que conduce al cese del sufrimiento. 
 
  
  
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Sutras. Una biblioteca en piedra
  
   Era práctica común entre los artistas de la época ilustrar en pintura o escultura los sutras o textos sagrados del budismo. Los textos más famosos eran el Saddharmapundarika-sutra y el Avatamsaka-sutra, la última parte del cual, el Gandawyuha, fue la principal fuente de inspiración del complejo sacro de Borobudur. 
   Esta es la secuencia de los textos ilustrados en los relieves de Borobudur: 
   - Karmawibhangga. Manuscrito que describe la doctrina de causa-efecto de las buenas y malas acciones (karma). Son las escenas de la Esfera del Deseo, ocultas bajo el plinto (foto05 y 06). 
   - Lalitavistara. La biografía del Buda histórico Gautama Sakyamuni desde su nacimiento hasta su primer sermón en Benarés. Una serie de relieves en friso corrido de la primera terraza de la Esfera de la Forma ha sido dedicada a este manuscrito. La primera efigie que aparece de Buda le muestra entronizado en el cielo Tusita, antes de su encarnación en la Tierra. A partir de ésta, la secuencia narrativa de los paneles es la siguiente: 
      . los dioses son informados por Buda de su propósito de manifestarse en la Tierra; 
      . las hijas de los dioses visitan a la reina Maya, futura madre del Buda; 
      . la reina Maya tiene un sueño en el que aparece un elefante blanco introduciéndose en su vientre; 
Borobudur       . la reina Maya se retira a los bosques Açoka; 
       . acompañada de su corte, la reina Maya parte hacia el jardín de Lumbini y, al llegar al pie de los Himalayas, da a luz a Siddharta Gautama, que se convertirá en Buda el Benévolo; 
      . Siddharta ofrece su anillo en petición de matrimonio a Yasodhara, también conocida como Gopa, que le dará un hijo: Rahula; 
      . el rey Suddhodana ve en un sueño a su hijo Siddharta Gautama, acompañado de los dioses, abandonando el palacio a medianoche; este sueño termina con Buda como monje errante, vestido de mendigo. Temiendo que Gautama no le suceda en el trono, el rey manda construir tres palacios para el príncipe: uno de invierno, otro de verano y otro para la estación de las lluvias, y le rodea de hermosas doncellas para disuadirle de abandonar los palacios, manteniendo al príncipe aislado del mundo exterior y protegido de todo sufrimiento; 
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      . el príncipe Siddharta Gautama escapa una noche clandestinamente, mientras los guardas duermen, de los recintos de palacio, y en el exterior tiene cuatro significativos encuentros que marcarán su vida futura: 
      . el primer encuentro con un pordiosero le hará consciente de la existencia de la miseria en el mundo; 
      . el encuentro con un hombre enfermo le hace conocer la existencia de la enfermedad y el dolor; 
      . la visión del cadáver de un difunto le enseña la existencia de la muerte; el príncipe toma conciencia de las distintas formas del sufrimiento humano; 
      . el cuarto encuentro, con un monje, le hace renunciar definitivamente a su regalada vida principesca; 
      . cabalgando sobre su caballo Kanthaka, da comienzo a su gran viaje hacia una nueva vida (foto14); 
      . ceremonia del rapado de cabello, como símbolo de su renuncia a la vida mundana; 
      . al no encontrar consuelo con el sistema filosófico de los ascetas brahmánicos, Buda se retira a la soledad de los bosques para practicar la meditación; 
      . el diablo Mara encarga a sus hijas Trsna, Rati y Raga (la sed, el deseo y el deleite) seducir a Buda. Indiferente a ello, Siddharta continúa meditando imperturbable, bajo el árbol de Bodhi (una higuera o árbol pipal en el lugar hoy conocido como Bodh-Gaya, en el estado indio de Bihar); 
      . como bodhisattva, el Buda Gautama alcanza bajo el árbol de Bodhi el más alto grado de sabiduría o budeidad (iluminación); 
      . llegada de Buda a Benarés, donde predicará su famoso sermón de Benarés, evento fundacional del budismo; 
      . discípulos fervientes de Buda efectúan una ceremonia de baño ritual, previa a su primer sermón; 
      . el Sermón de Benarés en el Parque de los Ciervos de Sarnath. Buda pone en marcha la rueda de la ley (dharmachakra), proclamando la doctrina principal del budismo. Aquí termina la serie de relieves extraídos del Lalitavistara. 
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   - Jatakamala. O Guirnalda de Jatakas. Los Jatakas son una colección de 34 poemas concernientes a las encarnaciones anteriores de Buda, y a otros bodhisattvas. Escritos por Aryaçara en el siglo IV d C, sus episodios relatan ejemplos de autosacrificio. Borobudur despliega en las balaustradas de sus dos primeras terrazas intermedias un total de 720 relieves correspondientes a las narraciones del Jatakamala y del Awadana, divididos en cuatro rondas, que constituyen enseñanzas ejemplares para los peregrinos budistas. 
Borobudur   - Awadana. Este texto está compuesto de Jatakas en los que Buda no es el principal protagonista. Narran hechos de bodhisattvas o aspirantes a buda en sus vidas previas, en su aprendizaje del camino. 
   - Gandawyuha. Considerado uno de los textos más importantes de la cultura budista, habla de la búsqueda de la sabiduría búdica por Sudhana, el hijo de un rico mercader, que a lo largo de su vida se topa con diversos bodhisattvas que ejercen de maestros espirituales suyos (foto17). Entre ellos están Samantabhadra y Maitreya, el Buda futuro. La importancia de este texto queda evidenciada por el hecho de que tiene dedicados 460 relieves; los restantes muros y balaustradas del monumento están enteramente reservados a este sutra. 
   - Bhadrachari. Fue añadido al Gandawyuha como colofón y se compone de una plegaria: la que realiza Sudhana para seguir el ejemplo de su maestro el bodhisattva Samantabhadra. 
   La quinta galería de Borobudur enlaza la Esfera de la Forma con la Esfera de la No-Forma, y por ello los relieves desaparecen en los muros interiores de la balaustrada. Pasamos de las terrazas cuadradas que representan la Tierra a las terrazas circulares que simbolizan el Cielo. 
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Arupadhatu o Esfera de la No-Forma
 
   En la cima de Borobudur todo movimiento desaparece. Ya no se ven figuras en paneles, y el diseño estructural está totalmente subordinado a los círculos concéntricos que rodean el stupa central, y a la forma circular de los stupas subordinados (foto25, 26, 27, 28 y 29). Son círculos que componen a su vez círculos, satélites todos de la semiesfera del stupa axial. La circunferencia impera. Estamos en el reino de la abstracción total. Tras la borrachera de formas y las muchedumbres de figuras que han atiborrado nuestros ojos en nuestro sendero a la cumbre, se produce un cambio brusco al extremo opuesto: la desnudez, la sobriedad, el vacío búdico. El contraste es brutal. El cerebro experimenta una sacudida de esquemas en este salto de lo formal a lo informal, de lo complejo a lo simple, del mundo de lo visible al de lo invisible. 
   Esta experiencia psíquica evoca la vieja metáfora budista que compara la mente humana con un estanque de agua: sólo cuando las ondas y turbulencias de la superficie se inmovilizan podemos ver repentinamente el fondo del estanque; del mismo modo, sólo cuando la mente se serena y aquieta el turbulento flujo de los deseos, por medio del yoga o la meditación, el ser humano puede distinguir con claridad su propia esencia interior. 
   Aquí en la cumbre del templo-montaña todo es quietud. Las setenta y dos estatuas de Buda, semiocultas en sus respectivos stupas en forma de campanas, están todas inmóviles en postura de loto y en pleno proceso de meditación. Esta curiosa solución iconográfica demostraría a la vez la presencia y la no-presencia de los budas en la más alta esfera. Los rostros reflejan paz interna y serenidad total (foto30), y esa paz es transmitida al espectador. 
   Uno de estos stupas ha sido desmontado para que pueda admirarse el Buda que esconde en su interior (foto26). Otro de los stupas ha concitado una tradición: a quien introduzca el brazo por una de las perforaciones romboidales de la celosía y consiga tocar la punta de los dedos de la estatua de Buda que hay dentro, le serán concedidos sus deseos. 
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La riqueza semántica de Borobudur
  
   Todo Borobudur es un símbolo en sí mismo, al tiempo unitario y múltiple, de gran complejidad de significados y profundas connotaciones metafísicas. Está diseñado como una montaña cuya estructura es equiparable a la estructura del mundo espiritual. Cada uno de los nueve pisos del templo tiene un tipo diferente de simbolismo iconográfico, progresando desde las abigarradas formas del mundo material de los deseos, en los niveles más bajos, hasta los abstractos conceptos de los altos misterios espirituales, en los niveles superiores. 
   La visita del peregrino a la montaña de Borobudur sigue un recorrido ritual de alto contenido simbólico, el 'pradaksina': un camino procesional por el que se van circunvalando las sucesivas terrazas en el sentido de las agujas del reloj (al igual que en todos los santuarios hinduistas o budistas), al tiempo que por distintos tramos de las escaleras centrales se va ascendiendo de una a otra terraza hasta alcanzar las plataformas circulares de la cima y el gran stupa central. El recorrido completo sigue una trayectoria espiral ascendente, partiendo del exterior, transitando por todos los corredores intermedios y alcanzando finalmente el centro, que es la cúspide del monumento. 
   A vista de pájaro, el diseño trazado por los pasos del peregrino sería muy semejante al glifo en forma de laberinto básico circular que aparece tantas veces representado en las catedrales medievales europeas (como los que pueden verse en las catedrales de Chartres, Amiens, Sens, Poitiers, Bayeux o Lucca) y que tienen un contenido místico similar: el camino que el peregrino ha de recorrer obligatoriamente en la vida, dando vueltas y revueltas por todos sus círculos concéntricos hasta llegar a la meta, que es el centro y fin del laberinto, el estadio de la realización personal. El laberinto era un símbolo de la Iglesia misma. Cuando la peregrinación a Jerusalén se fue haciendo impracticable, tras el periodo de las Cruzadas, los fieles cristianos recorrerían uno de estos laberintos como penitencia, en sustitución del peligroso viaje. El centro del laberinto simbolizaba el Cielo o también la ciudad de Jerusalén (Francis Hitching, The World Atlas of Mysteries, 1978, capítulos Patterns of Life y The basic maze). 
   Algo semejante ocurre con la ruta procesional seguida por el visitante de Borobudur, aunque nos hallemos aquí al otro extremo del globo y varios siglos antes. Partiendo de la esfera de lo mundano, el peregrino seguirá una senda de perfeccionamiento estudiando y practicando la doctrina del Iluminado, atravesará etapas espirituales cada vez más elevadas y llegará por fin al estadio último de liberación total o nirvana, alcanzando en el centro del santuario el centro de su propio ser. Es de destacar aquí que el visitante no podrá jamás pisar físicamente el centro y culminación del templo-monte, pues está ocupado por el gran stupa central, cuya cámara interna no tiene puertas ni ventanas, y cuyo remate se dispara con forma de afilado pináculo hacia el cielo, como queriendo sugerirnos lo inalcanzable de la perfección última. 
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BorobudurMini43 
   El mismo diseño de la planta del stupa de Borobudur puede interpretarse como la forma estructural de un 'mandala', motivo que con frecuencia aparece en los 'tankas' tibetanos (diagramas pintados en telas y colocados en los templos, usados para provocar la concentración de la mente y la meditación). Un mandala es una concepción visionaria reflejada en una sola dimensión de un conjunto de 'mansiones celestiales', tal y como son vistas por los monjes budistas que trabajan su arte en las remotas lamaserías del Himalaya. Las precisas formas geométricas del plano de Borobudur se corresponden en líneas generales con la diagramación habitual con que se representan estos mágicos edificios. 
   De esta manera, la peregrinación a Borobudur simboliza la senda hacia el nirvana, la transición budista desde el ámbito de la ignorancia y lo ilusorio (maya), a través de una sucesión de regiones que representan estados psíquicos intermedios progresivamente más elevados, hasta la condición definitiva de budeidad o iluminación espiritual en la meta, centro y cumbre del camino. El edificio en sí actúa como estímulo de la fe, y provoca una mutación en la conciencia del que lo recorre. El visitante se va transformando conforme escala los distintos niveles del monumento, topándose con escenificaciones de vidas ejemplares, verdades filosóficas y doctrinas, tanto más abstractas y profundas cuanto más se acerca a la cúspide. 
   Al tratarse de un edificio al aire libre, sin más techo que el cielo, Borobudur está expuesto a las inclemencias del clima tropical. Y a pesar de haberse estudiado sistemas de drenaje en la última reconstrucción, el agua de las torrenciales lluvias de Java continúa haciendo estragos. Se filtra por las juntas, se cuela entre las hiladas de sillares, y empapa estatuas y relieves, cubriéndolos de verdín y desgastando poco a poco rostros y cuerpos, que se van disolviendo hasta desaparecer (foto19, 20, 21, 22 y 23). Poco se puede hacer para frenar este proceso, lento pero imparable. Y así Borobudur parece proponernos un último símbolo transmisor de una de las enseñanzas axiomáticas de la filosofía budista: el de la impermanencia de las cosas y la transitoriedad del mundo material, al que el tiempo obligará a diluirse en la nada, como quien barre del suelo un puñado de polvo. 
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